Verano eterno en Natal y Pipa

Verano eterno en Natal y Pipa

−¿Quieren con o sin emoción? −preguntó Junior en portugués. Lo dijo bien fuerte como anticipándose a la respuesta.

−¡Con! −gritamos todos a la vez desde la parte trasera del buggy. Nos agarramos fuerte y al instante el vehículo todo terreno aceleró y subió un médano de más de treinta metros. La imagen que vimos desde arriba era impactante: un desierto de arena, una laguna de color verde esmeralda, cientos de palmeras y un cielo impregnado de nubes dibujadas. En muy pocos segundos el rodado descendió por la arena de forma vertiginosa sintiendo el viento fuerte soplando en la cara y la libertad del viajero andando camino entre curvas de arena, saltos y giros. Las ruedas dejaron sus huellas marcadas en las Dunas de Genipabú, a 20 km al norte de Natal.

Natal y Pipa

Natal es la capital de un reinado de arena y donde la arena se impone, el buggy es rey. No se pierde mucho tiempo para visitar los mayores puntos turísticos; todo es relativamente cerca. Cuatro días están bien para conocer lo mejor de la ciudad y su entorno que incluye: ir en buggy al litoral Norte y aventurarse en las Dunas de Genipabú, tirarse en tirolesa y atravesar la laguna de Jacumá o hacer skibunda sobre las dunas móviles. También recorrer las playas del litoral Sur, revivir el mundial en el “Estadio Arena das Dunas”, comprar artesanías en el Centro de Turismo, o hacer un city tour que incluye la visita al cajueiro (árbol productor de la castaña de cajú) más grande del mundo en Pirangi, entre otras opciones. Los paseos turísticos rondan entre los 50 y 100 reales por persona. Y para alcanzar la cima de lo exótico y si la billetera lo permite, hasta se puede pasear en dromedario. Cuesta alrededor de 55 reales los quince minutos.

Natal y Pipa

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Ciudad del Sol

La capital de Rio Grande do Norte es moderna, ordenada y limpia, mucho más que otras grandes metrópolis brasileras. Natal hace alarde de un clima soleado y de verano, con pocas lluvias y el mar a una temperatura de 27 ºC de enero a diciembre. No es casual que la llamen la “Ciudad del Sol” ya que el sol brilla 300 días al año. Aunque vale aclarar que para aprovechar el día hay que arrancarlo temprano: amanece a las cinco de la mañana y a eso de las cinco y media de la tarde ya empiezan a aparecer los atardeceres rosados sobre el mar.

Con una amplia infraestructura turística, es un destino perfecto para jóvenes, parejas y familias que buscan costa, diversión y distensión. Sus múltiples atractivos turísticos son especialmente de índole natural. Rodeada de exótica vegetación, arenas blancas y un tibio mar azul también tiene arrecifes, acantilados rojizos, ríos y lagunas. Entre sus paisajes se destacan sus más de veinte kilómetros de playas donde se pueden realizar distintas actividades al aire libre y gozar de su verano eterno.

“Ponta Negra”, ubicada 12 km al sur, es la playa urbana más popular de Natal y está repleta de restaurantes, edificios elegantes, hoteles y posadas de buen nivel y lugares para practicar deportes acuáticos. A lo largo de sus cuatro kilómetros encontramos varias barracas para comer mariscos, crepes dulces y salados o probar un açaí con leche condensada, banana y granola mirando el mar. Es muy difícil escapar de los vendedores que ofrecen desde comida hasta ropa, artesanías y paseos; un folclore interminable de caminantes que como los caracoles llevan sus negocios a cuestas. La mejor vida nocturna de la ciudad se concentra en torno a esta playa y se enciende a paso de forró y cervezas frías. Pero no hace falta esperar al fin de semana para encontrar restaurantes y bares con música en vivo o para asistir a un “Luau”. Las tradicionales fiestas en las playas acompañadas de música, baile y bebidas pueden organizarse cualquier día de la semana. Cuando la “Ciudad del Sol” oscurece los amantes del buen comer disfrutan de la sabrosa cocina local y sobre todo aprovechan la variedad de pescados y mariscos que ofrece la costa.

Natal y Pipa

Por su parte, la “Praia Dos Artistas” (llamada así porque antes allí se localizaban los artesanos) es la más visitada por los locales y un buen lugar para practicar surf. Sin embargo los que prefieren el windsurfing eligen “Praia do Forte” como la mejor opción por sus vientos revoltosos. Además sus alrededores están protegidos por arrecifes que forman piscinas naturales, ideales para ir con niños. En sus inmediaciones fue construido por los portugueses el monumento histórico más importante de Natal: el “Forte dos Reis Magos”. Fue hecho en 1598 para proteger el territorio de los ataques franceses, haciendo posible el desarrollo de la ciudad y aún sobrevive al paso del tiempo aunque bastante deteriorado. Por su ubicación estratégica, en una península de la “Praia do Meio”, la fortaleza ofrece una de las mejores vistas de Natal.

Natal y Pipa

Natal y Pipa

Para los amantes del trekking es posible encontrar senderos en el “Parque das Dunas”, ubicado en un área de preservación ambiental, donde pueden verse interminables extensiones de dunas y vegetación natural. Es considerada un oasis en el medio de la ciudad, ya que es un área completamente virgen que no ha sido víctima de la explotación urbana.

La historia y cultura también se hace eco en la ciudad. En el “Barrio da Ribeira”, el más antiguo de Natal, se concentra la mayor parte de las construcciones neoclásicas y edificios históricos, como el “Teatro Alberto Maranhão”, la ”Capitanía das Artes”, el “Club Náutico” y la antigua “Casa do Governo” del estado de Rio Grande do Norte. El  barrio también es popular por su vibrante vida nocturna, con varios pubs y discotecas que abren sus puertas los viernes y sábados por la noche.

Pipa, la meca del surf

Los surfistas eligen Pipa. Las parejas jóvenes eligen Pipa. Las familias eligen Pipa. Los viajeros solitarios eligen Pipa. Los europeos eligen Pipa. Los argentinos eligen Pipa pero deciden quedarse. Es que el viajero desprevenido, tendrá que ser fuerte para no ceder a la tentación de quedarse a vivir allí.

Pipa te envuelve entre sus olores, sus texturas, su mezcla de idiomas, su arte callejero y su música sonando desde todos los rincones. Su arquitectura combina techos de tejas, maderas típicas y colores cálidos. Sus calles son de adoquines, suben y bajan y se conectan con arterias de arena, decoradas con palmeras, cocoteros y un sin número de árboles y plantas.

Natal y Pipa

Esta pequeña villa de pescadores en sus comienzos fue refugio de piratas que desembarcaban en sus playas en busca del árbol nacional de Brasil, el “pau”, que se empleaba en la construcción de mobiliario de calidad. Pero fue durante los años 80 cuando alcanzó su fama debido a sus virtudes para la práctica de surf y cuando fue nombrada como una de las 10 playas más hermosas de Brasil. Pipa está dotada de acantilados, dunas de arena blanca, mata atlántica, agua turquesa y delfines que nadan entre la gente.

Natal y Pipa están apenas a una hora y media de colectivo entre sí. Lo clásico es ir a Natal en avión, explorar la ciudad y sus alrededores en un par de días y terminar las vacaciones en Pipa, sin ganas de volver.

Las playas se pueden recorrer a pie cuando la marea está baja. Luego de una breve caminata desde el centro, y de transitar 170 escalones se llega a la “Praia do Madeiro”. Rodeada de paredones artificiales, posee una enorme extensión de arena por lo que es ideal para aquellos viajeros que quieran descansar lejos de la multitud. Sus olas invitan a surfear; muchos eligen esta playa para aprender este deporte ya que cuenta con varias escuelas con instructores que hablan varios idiomas.

En la “Baia dos Golfinhos” (“golfinho” es delfín en portugués) lo más especial de esta playa, como su nombre lo indica, son los delfines que se ven diariamente desde la orilla y nadan muy cerca de quien este en el mar.

Natal y Pipa

Por último, también se puede ir caminando a la “Praia do Amor”. Muchas son las historias que remiten al nombre. Algunos dicen que desde el acantilado la playa tiene forma de corazón y otros que solía ser una playa deshabitada, alejada del pueblo, donde los turistas se escabullían para tener relaciones sexuales. Lo cierto es que originalmente se llamaba “Praia dos Afogados” (Playa de los Ahogados) ya que por sus olas bravas era una zona en la que había que tener cuidado pero a la que igualmente elegían −y eligen− los surfistas como uno de los mejores puntos de surf del Nordeste. La región es un excelente lugar para practicar este deporte durante todo el año, donde las olas oscilan entre 2 y 8 pies, con vientos de 15 a 25 nudos. Es por esto que actualmente Pipa es frecuentada por muchos surfistas y kitesurfistas de todas partes del mundo. Además desde sus acantilados se llega a miradores naturales que prestan un escenario ideal para sacar fotografías, sobre todo durante el atardecer.

Natal y Pipa

El pueblo cuenta con una de las mayores ofertas hoteleras en el nordeste y por la noche se transforma. Todo parece encenderse. Sorprenden a cada paso, bares, restaurantes, discotecas, lámparas de papel colgantes, grullas, música en vivo, boutiques, artesanos, botellas antiguas convertidas en floreros y velas aromáticas. Sobre la “Avenida Bahía dos Golfinhos” hay decenas de restaurantes con las más variadas especialidades y ambientaciones: pizzerías, parrillas, comidas típicas nordestinas, creperías, etc. Es que Pipa se caracteriza también por ser un polo gastronómico, influenciado por muchas culturas diferentes. Desde 2004 se realiza anualmente el Festival Gastronómico de Pipa, un evento lleno de sabores que ya se ha convertido en una de las atracciones propias del lugar.

La agitada vida nocturna puede empezar en la playa y durar hasta la madrugada; hay bares para todos los gustos. En las calles suenan canciones de rock, samba, reggae, forró y hasta DJ´s en vivo.

Sin perder su esencia rústica y ecológica Pipa lo tiene todo para estar al nivel de los mejores destinos playeros de Brasil. Sólo hay una regla: en Pipa el estrés tiene vedada la entrada.

*Artículo publicado en el Suplemento De Viaje que edita la agencia DIB

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