Oxum: un recuerdo de Salvador de Bahía

Oxum: un recuerdo de Salvador de Bahía

Es Septiembre y estoy lejos de casa. Camino sola por las callecitas empedradas del Pelourinho en Salvador de Bahía. Está atardeciendo y agradezco que se haya levantado una leve brisa. El calor es sofocante. Tengo que hacer tiempo para encontrarme con Luis, un chileno que conocí en el hostel, y que juntos vamos a ir a ver una función del Balé Folclórico Da Bahia. Mientras tanto camino y camino. Me encanta perderme sobre todo en lugares que no conozco. En ese caminar pausado y atento me voy dando cuenta que Salvador me está enamorando: sus calles empedradas, sus balcones antiguos, sus casas con fachadas de colores, las bahianas que venden acarajé, su música y danza que flotan en el aire.

Cada tanto freno para descansar, tomar aire y agua fresca. En uno de esos descansos algo llama mi atención: un gato atigrado está durmiendo en una pila de libros de Jorge Amado apoyada sobre el marco de una ventana de una casa de antigüedades. Sobre la vereda aparece reflejada su sombra. Pienso que es una imagen callejera que quiero retratar y cuando voy a apuntar con la cámara se asoma una señora por esa ventana oxidada –y tan antigua como los objetos que hay en su interior− y el gato sale despavorido. Pero como si se tratara de una señal, hay algo en esa casa que me da curiosidad. Entonces decido entrar a ese misterioso lugar. Lo que veo es una pequeña habitación oscura, llena de un pasado viviente.

Con unos simples pasos llego a observar mejor los libros de Amado que vi desde la calle. Es una colección antigua, de tapa dura y de color bordó con letras doradas. Los títulos son “Doña Flor y sus dos maridos”, “Gabriela, clavo y canela” y “Cacao”. Los tres libros están a un precio razonable. Los miro, los toco y los huelo. Huelen a pieza encerrada. Me dan ganas de llevármelos igual pero me frenan todas sus contras: son muy pesados, todavía me quedan dos meses de viaje con la mochila, no tengo presupuesto para gastos innecesarios y están en portugués. Bueno, las últimas dos son excusas bastante desechables. Pero el peso y el tiempo de viaje son una realidad.

−¿De onde você é? −me pregunta la mujer negra que atiende el lugar. Le contesto que soy de Argentina e intercambiamos unas palabras en portugués sobre el clima y el gato callejero.

Mientras tanto observo todo: relojes antiguos, vajillas de porcelana, manteles bordados a mano, instrumentos musicales. Pienso en las historias de esos objetos. Así como las personas tenemos algo para decir creo que las cosas también tienen historias para contar. ¿A quiénes pertenecían? ¿Qué hacían con ellos? ¿Cómo los trataban? ¿Y por qué decidieron abandonarlos y ahora caen en manos desconocidas sólo por dinero? Mientras pienso eso observo los objetos con más detenimiento y descubro sus detalles. Hasta que los veo a ellos. Son varios muñecos pequeños. Pido permiso y los agarro con delicadeza como si fueran de porcelana, frágiles, pero me sorprendo. Son de madera, bien liviana y están pintados a mano. Son los Orixás, las deidades creadas por un dios superior, llamado Olorun. Cada uno de estos dioses representa diferentes fuerzas y fenómenos de la naturaleza: aire, tierra, fuego y agua. El culto a los Orixás se relaciona en los orígenes de las culturas africanas y según el candomblé −la más importante de las religiones afrobrasileñas− todas las personas son hijas de Orixá y los practicantes asocian a la persona con su Orixá conociendo las características físicas y psicológicas del individuo.

Mientras observo las piezas una por una leo sus nombres. Están escritos debajo con tinta negra. Imposible que los recuerde. Algunos de ellos son Yemanjá, Exú, Omolú. Pero hago memoria y sí recuerdo algunos significados que había leído hace un tiempo: estaban el guardián de los templos, de las casas y de las personas, el guía de los muertos, el guardián de los animales y las plantas, el responsable de las adivinaciones, el guardián de la justicia, el guerrero o la madre de las aguas. Pero sé que me faltan muchos significados y además no me acuerdo cuál es el de cuál. Luego de mucho pensar y mirarlos elijo una pieza que representa a una mujer. Lleva el nombre de Oxum y no tengo idea de su significado. ¿Será que la elijo por eso? Porque por su color de vestimenta −amarillo− sé que no la elijo, no me gusta demasiado ese color.

Oxum cabe en la palma de mi mano y hasta incluso me sobra espacio. Además es de madera liviana, no pesa y no se va a romper durante el viaje. Es ideal; todo indica que la tengo que comprar. Pienso que al fin de cuentas es de las pocas cosas que compré en el viaje para mí.

Salvador de Bahía

Pago con monedas y salgo del local con Oxum en un bolsillo de mi mochila de mano. Sé que me acompañará el resto del viaje como una especie de amuleto junto a la brújula que me regalaron dos personas que quiero mucho antes de partir.

Luego de un tiempo busco su significado y encuentro el siguiente texto:

“La sensual Oxum es una de las más bellas figuras más conocida del panteón yoruba. Orixa femenino, muy conocido y venerado en Brasil, donde su imagen es casi siempre asociada a la maternidad. Oxum tiene a su cargo el don de la fertilidad. Madre de la riqueza, Oxum es la alegría de la sangre de las mujeres fecundas”.

Salvador de Bahía

No es casual que esté ahora en el escritorio de mi departamento entre brújulas, postales y cuadernos. Varios sobrinos de corazón han llegado a mi vida desde que volví de viaje y otros vienen en camino. Además, cada vez que la veo a Oxum tiene el poder de trasladarme a las calles de Bahía, a esa casa antigua hundida entre recuerdos. Y aunque no me detenga a verla seguido sé que ahí presente está la guardiana de la madre que algún día espero ser.

Nota: Este disparador (“Elegí un objeto de tu casa y escribí su historia) forma parte del proyecto de escritura 30 días de escribirme del blog de escritura de Aniko Villalba. El proyecto consiste en escribir todos los días usando un disparador creativo por día durante un mes. 

Desde que empecé el primero de febrero estoy cumpliendo y escribiendo acerca de los disparadores. Muchos me pidieron que los comparta pero sinceramente los hago para mí, como un ejercicio personal de constancia en la escritura y para desarrollar la creatividad. Quizás algunos los termine publicando, como este, que tiene que ver con un viaje y que me dieron ganas de compartirlo. Ojalá lo hayan disfrutado :)

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