Año Nuevo en Auckland

Año Nuevo en Auckland

Último día del 2009

Que felicidad que tenía, se terminaba este año eterno y comenzaba uno nuevo! A la mañana no podía calificar con adjetivos negativos o positivos cómo sería el festejo pero sí podría asegurar que iba a ser totalmente distinto a los 22 años nuevos que tuve. Primer punto: no lo festejaba en mi país. Segundo punto: No lo pasaba en familia. Tercer punto: Lo festejaba antes. Cuarto: Lo pasaría con desconocidos. Sensación extraña pero emocionante a la vez!
Nos encontramos en la Sky Tower (de ahora en más nuestro punto de encuentro, como para no verla con 328 metros de altura!) y caminamos hasta llegar al Auckland Domain. Este parque es el más antiguo y uno de los más grandes de la ciudad. Ubicado en el centro, el parque tiene una dimensión de 75 hectáreas. Allí se juega al rugby y al cricket. En su interior hay un gran lago con gansos y patos y además está ubicado el Auckland Museum, otro “must do it” de la ciudad. El día estaba soleado, teníamos nuestro querido mate argentino asi que nos pusimos a matear mientras acostadas nos regocijábamos y disfrutábamos de nuestro último día del 2009 alejadas de todo y de todos. Una enorme tranquilidad. Solo nosotras dos, el mate y el sol que nos jugó una mala pasada y a la noche nuestras caras rojas como un tomate (platense) lo demostraban.

Mientras esperábamos nuestros micros para volver a nuestras casas, escuché un espanglish muy particular. Miré a la persona que balbuceaba “Which?, where? bus? sky? beach?” y pensé este es argentino, cuando lo vi dije: “y platense?”. Le veía mucha cara conocida. Él me miró y se dio cuenta que éramos argentinas también. Era el primer encuentro con un compatriota. Y a la distancia es como ver un ovni. Nos dijo que se llamaba Joaquín y se le notó la alegría de escuchar hablar a alguien en español. Nos pasamos los vodafone para hacer algo en año nuevo y nos despedimos. Yo me quedé pensando de donde lo conocía (odio quedarme con este tipo de dudas!). Al rato grité: “de la visa!!!” “¿Qué te pasa con la visa ahora?” me preguntó Jose sobresaltada. Le recordé que lo habíamos cruzado en uno de los tantos trámites de la visa en Capital y ahí Jose se acordó. Yo no estaba loca (o por lo menos no tanto!). Otra vez me vino a la mente lo del mundo y el pañuelo porque este viaje estuvo cargado de personas y coincidencias que dan miedo.

Año Nuevo en Auckland

Para despedir el 2009, nos contactamos con una amiga de una amiga que estaba en Auckland desde hacia unas semanas. No la conocíamos, pero con mucha buena onda nos invitó a pasar año nuevo en su hostel donde se hospedaba con dos mellizas argentinas, otro chico argentino y dos alemanes. El backpacker estaba dentro de la vieja estación de trenes y para nosotras, las recién llegadas, se nos hizo difícil encontrar la estación. Después de estar perdidas un rato, llamamos a Flor para que nos dijera la habitación. No nos contestaba. Nos mandamos para preguntarle al guardia de seguridad (un señor gordo, calvo y con cara de rottweiler) quien con cara rara nos decía que no había ninguna chica registrada con ese nombre. El kiwi nos preguntó el celular y se ofreció a llamarla. Cuando le atendieron, cortaron al instante. El hombre nos dijo que era imposible, que la chica que lo había atendido estaba en un bar porque había mucha música y en su hostel estaba prohibido hacer fiestas. Con Jose nos mirábamos desconcertadas, y cuando ya nos estábamos yendo (sin rumbo alguno!) Flor nos llama al celular para explicarnos la situación. Resulta que habíamos entendido mal. Solo un argentino estaba hospedándose ahí, el resto estaba de contrabando! Habíamos metido la pata hasta la mitad del tarro! Nos dijo que Rodrigo (el único que estaba legal) iba a bajar de la habitación a buscarnos. Cuando llegó, el guardia ya con mala onda y sospechando le hizo firmar un papel diciendo que tenía invitados en la habitación. Le pidió nuestros nombres y cuando Rodrigo nos preguntó cómo nos llamábamos (ya que era la primera vez que lo veíamos) el señor irónicamente contestó: “Deben ser amigos muy cercanos ustedes que no sabes como se llaman.” Obviamente se dio cuenta que en esa habitación había más personas de las debidas pero supongo que se compadeció por la noche especial y aflojó. Mientras nos reíamos de la estupidez que nos había pasado, podríamos haber inventado cualquier nombre que el hombre total que iba a saber! Finalmente llegamos a la habitación. No conocíamos a nadie y era un descontrol. En una pieza un rubio que después supimos que era alemán estaba tirado en una cama gritando incoherencias en inglés, otro balbuceaba y una chica argentina al lado estaba juntando los cadáveres de las cervezas que eran muchos! Otra joven salía y entraba del baño muy seguido y las demás estaban en la cocina comunitaria cocinando unas pizzas para cenar. Ro fue el más amable con nosotras, nos dijo que nos pusiéramos cómodas y nos invitó una cerveza. De estatura mediana, de pelo morocho y recién rapado, Rodrigo es de Quilmes y nos contó que había llegado antes de navidad, que había pasado las fiestas con este grupo y que su idea era quedarse varios meses para trabajar y luego recorrer la mayor cantidad de lugares.
Desde Argentina me había traído un fernet para festejar año nuevo ya que acá no existe y si encontrás un lugar en donde lo venden te arrancan un ojo! Con Jose compramos una coca y fuimos al Mc Donalds donde nos robamos un vaso con hielo. Entre los tres nos armamos los fernets y nos fuimos a ayudar a la cocina. Se hicieron las doce y todavía estábamos cocinando! De repente Ro desapareció y volvió con un video filmado de los fuegos artificiales de la Sky Tower! Nos olvidamos de la gran celebración! Al día siguiente mi familia y amigos me contaron que cuando vieron los fuegos por TV se acordaron de nosotras que seguro estábamos ahí!. Error. Estando acá se nos pasó la hora y a las doce estábamos cortando el queso para las pizzas. Alguien gritó exaltado Happy New Year! Creo que fue un indio que cocinaba arroz al lado. Me abracé con Jose y chocamos nuestros vasos de fernet. Este año en lugar de champagne o sidra brindamos con fernet; en lugar de abrazar a mi vieja y a mi abuela, abracé a gente desconocida; comí pizza en lugar del típico vittel tone y en vez de hacer mi tradición familiar de sacar una valija a la calle para viajar, lo empecé viajando! Me sentí muy pero muy lejos de mi casa, como nunca antes. Pero no me invadió la tristeza, sino al contrario un deseo de aventura y libertad.

Después de cenar las mellizas se quedaron en el hostel porque tenían que trabajar al otro día. Un alemán y otra argentina decidieron quedarse también asi que Henin, Ro, Jose y yo decidimos salir a conocer la noche de Auckland. Primero fuimos a un bar llamado “The Tavern” pero la música era demasiado hip hopera. Suficiente por un rato. Terminamos en un bar latino que se llama Wildfire. Teníamos que hacer mucha cola y pagar 15 kiwis. Para el alemán era mucho dinero, le ofrecimos hacer vaquita entre todos o volver al otro bar, pero el testarudo se negó. Finalmente volvió solo al bar y nosotras nos quedamos con Ro quien nos presentó a un chileno de Antofagasta llamado Luis que también se encontraba en el bar latino. Ni bien entramos sonaba a todo volumen “Mamita ven que te voy a cazar, mamita ven que te voy a secuestrar”. Muchas noches platenses antes de viajar con Jose nos preguntábamos qué música escucharíamos allá y nos imaginábamos bailando tipo robot. Luego del fracaso del primer bar, escuchar esta canción de la movida latina obviamente fue un gran envíon anímico o por lo menos para nuestros cuerpos que bailaron toda la noche. Algunas canciones estaban muy pasadas de moda y en Argentina hubieran sido un fracaso pero a la distancia y en año nuevo las bailábamos como si fueran nuestras canciones favoritas. Estábamos felices. Los chicos resultaron muy divertidos y se reían con nosotras (o de nosotras?).

Perdidas en Año Nuevo en Auckland

La estábamos pasando tan bien que decidimos no volvernos a la hora estipulada (3am, horario del último micro). Supusimos que más tarde había otro. Gran error. Llegamos a la parada y esperamos. Y esperamos y esperamos! Le preguntamos a un policía y nos dijo que el útimo ya había pasado. WTF???? La única opción para volver era tomarnos un taxi. En Auckland! Donde un micro tarda 30 minutos, imagínense la distancia! taxi! en dólares? hola!!?? caos! Empezamos a averiguar con los taxistas para ver cuanto nos cobraban y nos ofrecían llevarnos por 40 kiwis, algo así como 35 dólares, multiplíquenlo por 3.8, nos iba a salir como 130 pesos. Empezamos a regateaer en inglés, con los taxistas que eran todos extranjeros (indios, vietnamitas, afganos, de las islas del pacífico) y nos costaba hacernos entender. Finalmente después de mucho regatear (mucho) uno nos dejó a 30 kiwis. Era nuestro segundo día por lo que imagínense que no nos ubicábamos mucho. Supusimos que el señor taxista (que era de Fiji pero que vivía hace unos 15 años en NZ) sabía a donde nos estaba llevando hasta que en un determinado momento SE PERDIÓ!!! a Jose se le ocurrió decir es para la derecha (holaa!! Jose nunca había venido a mi casa, imposible conocer el camino!) El taxi manejó unas cuadras y yo que había ido una sola vez a mi barrio distinguí que esa zona no me era familiar. “Era para el otro lado!”, grité (en inglés obviamente). El taxista, quien nunca se mostró convencido de hacer este viaje por 30 kiwis paró el motor del auto y nos dijo: “Ok, now I`m losing money”. Por poco no nos saca los billetes de nuestras manos y nos indicó que nos bajáramos. Jose seguía convencida que mi casa quedaba cerca de por ahí y que podíamos ir caminando. De repente eran las cinco y media de la mañana del primero de enero, estábamos solas, perdidas en un barrio vaya a a saber donde en Auckland y cagadas de frío… de película… de terror! Admito que no soy cagona generalmente pero esa circunstancia no me gustaba ni medio. Además estaba segura que esa zona estaba lejos de mi casa todavía, ni siquiera sabíamos el camino para comenzar a caminar. Obviamente pensé lo peor (sin decirlo en voz alta para no alarmar a mi amiga que también estaba entrando en crisis). Acostumbradas a la triste realidad argentina ya me imaginaba que nos afanaban el primer día toda la plata del viaje (que la teníamos encima nuestro como si el monedero fuera una rollo más de la panza) o lo peor que nos subían a un auto y vaya a saber que nos hacían. Respiré hondo y rogué que pasara un taxi en ese lugar oscuro donde no pasaba ni un alma. Unos minutos después, de la nada, apareció uno. Nos subimos aliviadas y con la intención de pagar lo que sea si nos llevaba sanas y salvas a mi casa. Finalmente tanto regateo no nos sirvió porque terminamos pagando de más. Ni quisimos calcular cuanto nos dolió el taxi más caro de nuestras vidas… Solamente les diré que llegué a mi cama fusilada. El corazón todavía me latía fuerte… “Uff que manera entretenida de arrancar este año nuevo”, pensé. Cerré los ojos y me dormí al instante…

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